¡Cargan su Cruz!

Este relato a muchos nos conmoverá, es una historia que podría inspirar a  escritores de novelas y su puesta en escena tocaría las fibras más emotivas y sensibles de nuestra alma. Es la vida de María y Carlos.

Este relato a muchos nos conmoverá, es una historia que podría inspirar a  escritores de novelas y su puesta en escena tocaría las fibras más emotivas y sensibles de nuestra alma. Es una historia de violencia y exclusión.

Ella es una niña de ocho años. Juega con su muñeca y tiene sueños, sueños de estudiar, sueños de conocer a las “Princesas de Disney”. Un día, como aquellos que se presentan en invierno, sombrío, triste, apagado, trocó la vida de María en una pesadilla: su padre quien la engendró, pero no la amó, no la respetó, abusó de ella y a partir de entonces sus inocentes fantasías se convirtieron en tristeza, desesperanza, impotencia. Huyó de la casa, aquella casa que no representaba un hogar, una familia, la seguridad. Buscó refugió en el Albergue de los Chicos de la Calle y conoció a Carlos, un joven de 12 años que consume alcohol para no sentir los maltratos físicos ni verbales de su madre.

Dos criaturas, dos niños que no alcanzan a vivir quimeras, dos almas en compañía pero solitarias, apagadas, sin consuelo, ni optimismo.

Entre ellos conversan, comparten ilusiones, surge la atracción, las caricias, los besos, las relaciones sexuales. No tuvieron orientación, ni la oportunidad de rehacer sus vidas, no hubo consejo, no hubo ayuda, no hubo estudios, ¡nada!, ¡nada! Tampoco inscripción de nacimiento o documento de identidad.

María cumple 12 años y su vientre alberga un hijo. Para Carlos no es motivo de alegría, le da lo mismo, la vida es igual, se mantiene en la calle, su refugio, aquella jungla de cemento que le proporciona alcohol, goma y marihuana.

¡María!, ¡María! tan sola con un hijo, luchando por comida, por una casa, por estabilidad, por tratar de bailar la vida sin tanta infelicidad. No puede, necesita dinero, tiene que sesgarse a la prostitución, sin cuidado, sin prevención y así llegan dos y tres hijos. La promiscuidad, los vicios, la mala alimentación hacen que la salud de María decaiga, contrae  Sida y además contagia al último de sus hijos.

Carlos vende caramelos en los buses, cuando el día esta bueno hace $2, cuando el cuerpo no le pide embriagarse en olvido a causa de las sustancias que lo envenenan, los lleva a casa, si puede llamarse así el lugar donde se cobijan del sol y la lluvia, y así anestesian un poco el hambre.

¿Qué les espera? Son personas pero a la vez no existen, no tienen un papel que certifique que están vivos, que son ciudadanos, no pueden acceder a nada.

María se debate entre la vida y la muerte, sus hijos aguardan hoy por un albergue. Carlos esta alejado de la realidad, sus neuronas no son sanas, acaso si tiene unas cuantas en buen estado. ¿Qué hacer con la enfermedad de María? ¿Cómo hacer para que se beneficie con medicamentos retro-virales, aquellos que reciben las personas inscritas en programas de Gobierno?… Nada se sabe sobre los familiares de ambos. Carlos y María cargan su Cruz.

About Hogar de Cristo - Ecuador

Cuenta manejada por el departamento de Comunicaciones de Hogar de Cristo, Ecuador.
This entry was posted in Fuegos que encienden otros fuegos: Historias de Vida and tagged , , , , , , , , , , , , . Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s