Espíritu Emprendedor

Carlos es un chico que aparenta ser de 14, pero en realidad tiene 19. Su rostro inspira ternura; es de contextura baja y menuda, en él se destaca su sonrisa. Le gusta leer y jugar fútbol.

vive en la pobreza y a pesar de haber pasado parte de su infancia y adolescencia por rumbos errados, tomó la determinación de reencaminarse. Es un chico con suerte y mucho, mucho empeño.

“De mi infancia no guardo buenos recuerdos. Nací cuando mi mamá acababa de cumplir 14 años, mi papá tenía 16. Un día, a la edad de nueve años, no volví a verla más; me contaron que otro señor se la conquistó y huyeron, desde entonces comienza mi historia de vida.

A los diez años me rebelé, no quise estar con mi papá, pues junto a otros dos hermanos vivíamos en una casa triste, desolada y con malos tratos; la pobreza no era mala para nosotros porque a ésta se la enfrenta, se le da la cara, pero, acompañada de desamor, de miedos, de la violencia de palabras y del alcohol, sientes que pierdes todas las batallas. Por eso busqué la calle, esperando encontrar en ella consejo, refugio, familia.

Actualmente tengo 19 años y tantos recuerdos como experiencias a cuestas, puedo escribir un libro con hechos tan fantásticos e increíbles pero dolorosamente verdaderos. Consumí droga, me sentía encerrado, sin opción a nada, me junté con “amigos” que aconsejan andar en malos pasos, no era persona, vivía para hacer maldades, daño, probé todo lo malo.

No sé que me pasó pero a los 15 años volví a la casa de mi papá, en la cooperativa Janeth Toral, con él vivían mis dos hermanos y dos más, porque mi padre tuvo otro compromiso pero ella también lo abandonó, dicen, porque era mucho menor a él. Comencé a leer la Biblia y ahora estoy en el Evangelio, mi Pastor me aconseja y siento que Cristo llena mi vida, he cambiado mi manera de ser, mis pensamientos, ahora vivo a prueba de todo, estoy claro que lo malo no es para mí, porque yo tengo un don que es estudiar y quiero trabajar.

En mi barrio los chicos me ven como ejemplo, me respetan, a los que no andan en buenos pasos los aconsejo que cambien, que lo malo no conduce a nada, eso no es una vida adecuada para nosotros, les digo que trabajen y busquen ayudar a sus familias, que se la jueguen así como me la jugué y salí de ese pozo negro y apestoso en el que estaba. Algunos no creen en mi cambio, pero cuando conversamos, me ven en el colegio y ven mis artesanías se dan cuenta que en realidad no soy el de antes, que ya no estoy ni quiero estar en esos pasos.

Les voy a contar como empecé con el tejido de pulseras y de qué manera descubrí mis habilidades haciendo artesanías. Me dieron trabajo en una fábrica, mi jornada era por la noche, ganaba $10,00; a veces mis compañeros me ayudaban recolectando piola con la que hacía pulseras y se las vendía, no podía juntar mucho capital porque también ayudo a mi papá en la casa, por eso cuando llegaron a mi colegio, con la propuesta de los microcréditos para Jóvenes esa fue la solución para hacer realidad algo que anhelaba, que me capaciten y tener un negocio. Quiero aprender más sobre tejidos, hacer artesanías, conocer sobre computación y llegar a la universidad para estudiar ingeniería comercial, no es por nada pero tengo buena cabeza para los números, en mi casa todos somos buenos para las matemáticas.

Quiero decirles a quienes lean mi historia que los jóvenes muchas veces somos rebeldes porque no tenemos una buena dirección, alguien que nos guíe, que nos enseñen a respetar pero con buenas maneras, el respeto es lo que se está perdiendo en todos los hogares. Desde pequeños no nos enseñan a que si no hay una cosa debemos conformarnos y conseguirla con esfuerzo, por uno mismo. En la casa somos puros varones y todos nos turnamos para cocinar, lavar, hacemos de todo porque debemos ayudar.

Sueño con que los jóvenes pobres, aquellos que dicen no puedo, eleven su espíritu para que tengan el impulso para salir adelante, que no se dejen por nada del mundo, que lleven siempre la mirada altiva, ver lo positivo aunque todo esté oscuro, que si lo invitan a hacer cosas malas no sigan por ese camino, no se dejen caer, porque todos somos iguales, iguales a las demás personas, tenemos las mismas capacidades, habilidades, los mismos ánimos para lograr cosas grandes; que motiven, apoyen, que hablen de la vida espiritual como una fortaleza. Todos merecemos respeto, seamos negritos, flaquitos, gordos, todos merecemos respeto donde sea que estemos.

Una oportunidad es lo que los pobres necesitamos, en mi caso, un chance para aprender a hacer mejores artesanías, incrementar mi negocio, que crean en mí, que me den un voto de confianza, no quiero llevar años pidiendo en la calle, golpeando puertas, viviendo de la solidaridad de la gente. La pobreza es linda. Sobrevivir de ella es lo lindo porque ahí es cuando valoras y te das cuenta que todo cuesta y que nada es fácil. Eso esperamos, no creo que represente mucho ¿qué opinan ustedes?”

About Hogar de Cristo - Ecuador

Cuenta manejada por el departamento de Comunicaciones de Hogar de Cristo, Ecuador.
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