Una nueva visión, una nueva realidad

Cómo el autodescubrimiento logró grandes cambios

Marcela Gómez es Antropóloga. Esta colombiana, voluntaria de Fundación América solidaria, estuvo en Guayaquil hasta marzo de 2013, haciendo voluntariado en Hogar de Cristo por un año. Durante su transcurso trabajó en un proyecto que tomó el nombre de “Nosotras, las mujeres del noroeste de Guayaquil”.

 

 

Cuando planeaba el viaje de voluntariado sabía que iba a trabajar con mujeres en situación de pobreza, en aquello que nombran como formación humana en autoestima. Las preguntas e inquietudes eran miles, empezando por la misma ciudad de Guayaquil, de la cual sólo sabía que tenía el río Guayas y hacía un fuerte calor, que  como bogotana me espantaba. Recuerdo con mucho afecto el llegar, a la que iba ser mi nueva casa, y recibirme una manada de voluntarios sonrientes de diferentes países, con camisas verdes y un gran plato de trozos de piña.

Mi quehacer como voluntaria consistía, en principio, en diseñar y realizar talleres sobre autoestima y temas relacionados, como liderazgo femenino, superación personal, empoderamiento, entre otros, a mujeres socias de Hogar de Cristo.

Antes de replicar la experiencia que me antecedía –realizar un taller cada mes con diversos grupos de mujeres en la sede de la Corporación- decidí tomarme un mes, no sólo como proceso de adaptación cultural, sino para conocer a las mujeres, analizar el proceso adelantado y proyectar potencialmente mi experiencia de voluntariado a mis intereses y capacidades. Al empezar a investigar sobre las mujeres de esta zona marginal de la ciudad, el panorama era realmente desolador. La única información eran las tantas noticias de crónica roja en las que ellas aparecían retratadas únicamente desde la pobreza, el maltrato y la violencia, o como objetos sexuales, sin haber otras posibilidades. En los primeros acercamientos a las mujeres, la timidez y el silencio que acompañaba las respuestas, frente a las preguntas sobre su identidad, eran el usual panorama.

Fue en ese mes que empezó a dibujarse el proyecto “Nosotras, las Mujeres del Noroeste de Guayaquil”. El principal objetivo: desarrollar un proceso de sensibilización y reflexión, enfocado en el auto-reconocimiento y la auto-confianza, como mujeres que aportan a su realidad. La metodología: ejercicios de auto-representación, entendiéndola como una práctica cultural que visibiliza el cómo se miran a sí mismas, cómo interpretan sus propias realidades. Las principales herramientas de expresión: la fotografía participativa y la escritura expresiva. Esto, para finalizar con un acto simbólico de empoderamiento, participación ciudadana y visibilización, a partir de la realización de una exposición fotográfica.

Comencé a ir a sus casas, a dictar los talleres así estuvieran una o dos mujeres, reforzando el sentido de la paciencia y la tolerancia. Fue un proceso lento, de mucha insistencia… peleaba el tiempo y el espacio con diversos factores: entre el esposo que no las dejaba salir de la casa, la condición de vulnerabilidad que repercute en las mil y una urgencias constantes, la atención a los hijos, los quehaceres del hogar, el estigma que interpreta ‘más de dos mujeres reunidas, igual a chisme’ -más aún si el tema principal es ellas-, y especialmente la visión de que los talleres, al no ser prácticos y concretos como belleza o corte y confección, eran perder el tiempo. Luego de tres largos e intensos meses, en los que recordé que lo más importante son los lazos de confianza y de afecto, se conformaron 5 grupos, uno por día, en los que participaban entre 20 y 35 mujeres en total; ya que las oscilaciones en la permanencia y el incumplimiento del horario eran parte de las dinámicas locales, a las cuales me adaptaba.

El encuentro en los talleres era en sus casas. Al llegar, los niños corrían a saludarme, mientras iba pasando de casa en casa gritando, de puerta en puerta, “haber, haber…”. Las mujeres salían con sus sillas en mano, nos agrupábamos en algún pequeño espacio, usualmente de piso de tierra, y nos disponíamos, casi siempre, con una mano en el cuaderno y la otra con el nene a empezar las dinámicas. La mayoría eran lúdicas, siempre apostándole a generar situaciones hipotéticas en las que ellas, de manera vivencial, fueran encontrando, desde sus saberes y capacidades, las formas más espontáneas y propias para desenvolverse y expresarse como mujeres. Luego seguía un espacio colectivo de reflexión, a partir de un círculo de diálogo. Eran espacios de descubrimiento, encuentros, reflexión, cuestionamientos y constantes sorpresas.

Fueron 8 meses muy intensos. Al final las mujeres llegaban a tiempo; los talleres, planteados de una hora, llegaron a durar de dos hasta tres horas; ahora ya no peleaba con el silencio, sino en lograr que no hablaran al mismo tiempo. Fue increíble ver el proceso de cómo empezaron a encontrar y re-descubrir tantas facetas de ellas, desde donde hablarse y sentirse positivamente.

El cierre simbólico del proyecto consistía en una exposición de fotografía. Por aquellos devenires gratificantes de la vida terminamos exponiendo en el Centro Cultural Simón Bolívar, uno de los más importantes de la ciudad, y luego en los Museos Nahim Isaías y Presley Norton. Ellas fueron expositoras, guías los fines de semana y algunas ponentes de conferencias de cada una de las exposiciones.

Afiche promocional de una de las tres exposiciones de la muestra fotográfica "Nosotras, las mujeres del noroeste de Guayaquil".

Afiche promocional de una de las tres exposiciones de la muestra fotográfica “Nosotras, las mujeres del noroeste de Guayaquil”.

Me encantó posibilitar un proceso participativo en el que se visibilizó, desde las propias miradas y voces de las mujeres, diversos relatos y narraciones donde ellas eran las protagonistas, donde mostraban diversas facetas valiosas de sus cotidianidades, de sus realidades, tan lejanas a los juicios estigmatizantes que hacen parte de los medios de comunicación y de los imaginarios comunes. Amorosas y cuestionadoras, se narraban desde otras visiones, pequeñas grandes historias que van sanando.

Estas exposiciones dieron la oportunidad de mostrar a la población de Guayaquil que las mujeres y la zona del noroeste –particularmente Monte Sinaí- no son sólo territorios de miedo y violencia; lo se significó una gran coyuntura para abrir el panorama a otras visiones más humanas.

Mi experiencia como voluntaria ha sido de las más gratificantes en mi vida. Subrayo una y otra vez que, más allá de los conocimientos profesionales, te involucras como ser humano con otros seres humanos, entablando fuertes relaciones de afecto, admiración y de sentirse en comunidad, como parte de un gran nosotros. Me recuerda, una y otra vez, que lo que te moviliza en la vida también es el corazón y las ganas de hacer, desde tus zapatos, desde tus posibilidades, un mundo mejor.

About Hogar de Cristo - Ecuador

Cuenta manejada por el departamento de Comunicaciones de Hogar de Cristo, Ecuador.
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